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Anoche, a última hora, se viralizó un mensaje de Facebook que cuenta una historia que suele pasar desapercibida, si no la cuenta un protagonista:

El dato concreto es que el vuelo AR1302, que cubre la ruta Buenos Aires-Miami realizó un aterrizaje de emergencia en Viru Viru, el aeropuerto de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), por una emergencia médica con un nene de 8 años que tenía una perforación en un pulmón y corría riesgo de sufrir Neumotórax.

Superada la situación a bordo, el Comandante Martín Hughes continuó el vuelo programado y arribó al aeropuerto de destino unas dos horas más tarde. Hasta aquí, los hechos.

Con toda razón, el reclamo es el mismo de siempre: la difusión de estas noticias es siempre inversamente proporcional a la velocidad a la que se propagan las malas noticias. Inclusive cuando no lo son. Ya volveremos sobre eso, y de hecho ya lo hablamos un poco en esta nota. Pero hoy hubo margen para sumarle una nueva estrella al palmarés de ignorancia de los medios masivos. Hoy a Infobae, bajo la dudosa pluma de Alfredo Serra, le dio por ponerse poético.

Eeeen fin.

Más allá de la bocanada de aire fresco que es que Infobae trate bien a Aerolíneas, hay un error de concepto gravísimo, que no se puede dejar pasar. El comandante y su tripulación no rompieron ningún “protocolo” -el término correcto es procedimiento, pero no nos vamos a poner en detallistas- la noche del 30 de Mayo. La situación de un aterrizaje de emergencia está diseñada, entrenada y ejecutada de acuerdo a las mejores prácticas y a la experiencia de cientos de situaciones de emergencia anteriores que pulieron y perfeccionaron las condiciones que se consideran y las acciones que se ejecutan ante una circunstancia específica.

Desnaturalizar la ejecución de un procedimiento de emergencia en una “decisión suprema y luminosa” es incorporarle un componente heroico a algo que por definición no puede tenerlo. La seguridad operacional no depende del heroísmo de un comandante y su tripulación, sino del apego a los procedimientos. En las palabras de Einstein, Dios no juega a los dados. Con cientos de vidas bajo su responsabilidad, el Comandante tampoco.

El otro gran evento viralizado de Aerolíneas este año fue el despegue abortado por el AR1301, en febrero. Ante una situación de Compressor Stall (la interrupción del flujo de aire a uno de los motores, que hace que cuando la turbina inyecte combustible al circuito, haga la combustión erróneamente y se produzca la llamarada), la tripulación decide abortar el despegue. Esos fueron los hechos. Pero Axel, el cantante, hizo un curso rápido de accidentología aérea y determinó que explotó la turbina.

Axel, si el kiosquito éste del canto deja de andar, siempre hay lugar en la JIAAC.

 

Acá se habló de explosión, de incendio, de pasajeros en peligro. De falta de mantenimiento, de entrenamiento deficiente. Que hacía mucho frío, que el avión no está preparado para operar en esa pista, que el combustible es malo, que cargó de menos, que cargó de más. Lo real, es lo que se puede ver en el siguiente video. Para los que no sepan Inglés, les agrego abajo las frases más importantes así se entiende. Pero por sobre todas las cosas, presten atención a los tonos.

En el minuto 1:13, y después de recibir la autorización de despegue e iniciar la carrera, la tripulación indica “Rejected Takeoff, Stand By.” Es decir, aborta la carrera de despegue y se lo comunica a la torre. La torre confirma la recepción y le pregunta si requiere asistencia. La respuesta es “No todavía.”. La torre le avisa “el motor derecho parece que está en llamas”, y el AR1301 dice “no tengo indicaciones (del sistema de alarma de fuego en motor).”

El resto, es todo el procedimiento de verificar si de hecho hay tal incendio -la tripulación en ningún momento se considera en incendio-, apaga y asegura el motor derecho y luego decide abandonar la pista con asistencia, pero por sus propios medios. Como decía antes, presten atención a los tonos. Se nota pánico? No. En absoluto. Porque para eso están preparados. Se entrenaron, practicaron y repasaron cientos de veces el procedimiento de despegue abortado. Lo hicieron decenas de veces en simulador.

La aviación comercial es una actividad que tiene cientos de procedimientos, que fueron diseñados para proteger las vidas de todos los que están a bordo. No hay lugares para decisiones luminosas. Quien se aleja de esos procedimientos no es un héroe. Quien la juega de héroe pone en riesgo todas las vidas de ese vuelo. Y hay una lamentable parva de ejemplos que han costado muertos. La improvisación cuesta vidas. 

Cuéntenle a los 96 pasajeros muertos (entre ellos, Presidente y Primera Dama) del Tupolev 154 de la Fuerza Aérea de Polonia lo heroico de la decisión del piloto de desobedecer a la torre de control e intentar un aterrizaje en Smolensk (Rusia) con meteorología adversa. Háblenle de decisión suprema y luminosa a los familiares del TransAsia 235, cuyo piloto no sigue las verificaciones del procedimiento de falla de motor y apaga el que funcionaba.

Si hay algo que decir de Aerolíneas Argentinas y sus tripulaciones es que fueron, son y serán extremadamente profesionales en sus operaciones. Y si tiene la confiabilidad que tiene, es justamente por ese apego estricto a los procedimientos. Aerolíneas es una empresa segura y con un récord de seguridad envidiable no porque tenga héroes. No porque sus pilotos tomen decisiones supremas y luminosas. Sino porque saben exactamente qué deben hacer, porque toman las mejores decisiones de acuerdo a seguir esos procedimientos y porque tienen un nivel de entrenamiento y profesionalidad superlativo. Desde el Comandante con más horas de vuelo, hasta el más pasante de los pasantes. Eso es Aerolineas Argentinas. Eso es el respeto sagrado por la vida, Serra. Salvar a uno sin poner en riesgo a todos.

Le metieron un 340 en vez de un 330, pero bueno. Vale la intención.

Súmele a eso orgullo de pertenecer, calidez humana y la hermosa responsabilidad de ser los embajadores de nuestro país en todo el mundo. Porque para llevar con honor tener de Callsign “Argentina” hay que tener los huevos/ovarios muy grandes. Pero por sobre todo, hay que tener corazón y cabeza.

Desde aquí, mi más sincera felicitación y agradecimiento a la tripulación del vuelo AR1302 del 30 de Mayo, y a cada uno de los empleados de Aerolíneas Argentinas, todos los días. En ustedes vive AR, que vuela alto, mucho más alto, hasta la cumbre, que sólo el Cóndor puede alcanzar.

 

39 años. Argentino. Casado.
Profesional de IT por elección, Aeronáutico por vocación.
Casi piloto. Casi Spotter. Casi Ingeniero.
Viajero ocasional, nerd frecuente.
Pablo Díaz

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