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La Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética dio lugar a innumerables expresiones artísticas. Entre ellas, el cine. En 1964, dos películas abordaron la cuestión nuclear y la Destrucción Mutua Asegurada con ópticas distintas, pero en ambos casos, geniales.

Fail Safe

Fail Safe es un thriller oscuro y opresivo, que cuenta cómo un error de sistema dispara un bombardeo nuclear sobre Moscú, y cómo Estados Unidos coordinará con la Unión Soviética procedimientos para detener esa acción. Podrán detenerlo? Cómo evitar la necesaria represalia del atacado? Cómo impedir que escale hasta la aniquilación total? Qué sacrificios hay que hacer para calmar a un enemigo?

 

Hay detalles que hacen de este filme una maravilla: salvo una radio sonando de fondo en una escena, no hay música ambiental, lo que contribuye a lo espeso y lúgubre del tono de la película. Los personajes tienen características marcadas y dominantes, y el duelo actoral es de por sí impresionante. Henry Fonda, Walther Matthau y un joven Larry Hagman (entre otros) entregan actuaciones memorables.

Desde el punto de vista de los aviones, sólo algunas siluetas reconocibles, filmadas de contrabando porque la Fuerza Aérea (con un entendible criterio) no avaló la trama o proveyó asistencia en la producción del filme. Un Convair B-58 Hustler (bombardero nuclear supersónico), algún F-102 Delta Dagger, F-104 Starfighter y Mirage III.

Fail Safe es, ante todo, una muestra de lo dependiente que podemos ser de aquellos procedimientos que ponemos para protegernos de nosotros mismos. En 2000, George Clooney produjo y protagonizó una remake en vivo, transmitida también en blanco y negro, que vale a pena ver.

Dr Strangelove: Or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb

En plena Guerra Fría y con la crisis de los misiles cubanos reciente, Stanley Kubrick creó esta comedia negra a partir de la novela de Peter George, Red Alert.  Inicialmente, trató de hacer una trama seria que narrara la posibilidad de un conflicto atómico. Pero, a medida que se documentaba sobre las estrategias de ambos bloques, encontró varios aspectos hilarantes y ridículos que daban forma a una comedia de humor negro donde se parodiaba la guerra nuclear.

A raíz del estreno de esta película se produjo un hecho que llama poderosamente la atención: Kubrick describió con tanta maestría los protocolos de ataque y defensa nuclear que tanto la Unión Soviética como los Estados Unidos se vieron obligados a revisarlos y modificarlos. Por primera vez alguien dejó patente que cualquier loco podía desencadenar el Apocalipsis con un simple imprevisto.

Los tres espacios donde se desarrolla la película son maravillosos. Pero el más espectacular de ellos es la Sala de Guerra. Cuando Ronald Reagan asumió la presidencia, su primera petición fue ir a visitarla. Bastante decepcionado quedó cuando le dijeron que no existía y que era un decorado. Pero aún fue más grave si cabe la recreación del interior del B-52, que era altamente clasificado. Kubrick no solo lo reprodujo a la perfección, sino que además hizo públicos los procedimientos de operatoria del bombardero estrella de los Estados Unidos. Todavía hoy andan buscando al que le filtró la información.

Es en esta situación cuando un general fanático y enloquecido, llamado Jack D. Ripper ( Jack el Destripador, se entiende?) decide enviar a un escuadrón bajo su mando a bombardear la URSS, sin motivo razonable alguno. Al mismo tiempo, aplica los protocolos de actuación previstos en caso de guerra: cerrar la base aérea, cortar cualquier comunicación con el exterior y bloquear las transmisiones de datos a los aviones a menos que vayan precedidos por un código de seguridad previo, que claro, solamente él sabe.

En cuanto la noticia llega a la Casa Blanca, la película cambia radicalmente de registro y hace que el espectador empiece a esbozar una sonrisa que se transforma en una risa nerviosa, en una soberbia mezcla de humor y tensión difícil de encontrar en ninguna otra película. Un Peter Sellers insuperable en el papel de Presidente de los Estados Unidos llama a su par soviético –a través del teléfono rojo, claro- para informarle de la situación y en un monólogo imperdible, después de encontrar al premier Ruso medio borracho y en un cabaret le pregunta por la familia, le dice frases como “Dimitri, uno de mis comandantes se mandó una macana”, “Sí, te entiendo, yo también estoy molesto” y le cuenta lo que pasa.  Dimitri le avisa que si una sola bomba llega a estallar en territorio de la URSS se activará automáticamente la Máquina del Juicio Final, que acabará con toda la vida en la Tierra y que una vez en marcha, no podrá ser detenida por ningún ser humano. No queda otra que impedir que los aviones lleguen a su objetivo. Pero recuerden, estos se encuentran a menos de dos horas de sus áreas designadas y el código de seguridad solo lo conoce Ripper, que mantiene la base cerrada, incomunicada y defendida con las armas de cualquier extraño. Amigo o enemigo.

Es una película absolutamente delirante. Si no la vieron y es una aproximación al cine de Stanley Kubrick, qué mejor que empezar por la película definitiva de él (vengan de a uno): ha hecho maravillas varias, pero la mezcla de ironía, humor, tensión y pesimismo que vi en esta hora y media no pudo ser superada jamás en mi humilde opinión.

Como dato, la secuencia de apertura de la película está considerada entre las mejores de la historia del cine, y la verdad que ver el repostaje en vuelo de uno de los primeros B-52 (que en ese entonces tenían la panza blanca, por la pintura antirradiación), tomando carburante de un KC- 135 (también nuevo para la época) es fascinante.

Una de sus escenas finales (la que hace de portada de la nota) es icónica, y muestra en un instante la locura de una guerra nuclear. Dr Strangelove está disponible en Netflix (búsquenla como Dr Insólito) y como ya es costumbre, Fail Safe requerirá de un poco de búsqueda. Pero va a valer la pena.

39 años. Argentino. Casado.
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Pablo Díaz

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