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En el fin de semana del inicio de las vacaciones de invierno, algunos de los aeropuertos del sur de Argentina debieron cancelar las partidas y arribos, porque las condiciones climáticas impedían una continuidad segura de las operaciones.

Claramente esto genera malestar entre los pasajeros, que reclamaron agriamente ante el personal de las líneas aéreas buscando una respuesta o alternativa. Lamentablemente, entre las distintas variables que puede afectar un vuelo comercial al punto de cancelarse, una de las más drásticas es el cierre de aeropuerto. En el inicio de esta serie, trataremos de establecer porqué un aeropuerto cierra ante un evento de lluvia o nieve extrema.

La primera noción que debe quedar clara es que la decisión de cerrar un aeropuerto no es de la línea aérea que opera en él, sino de la autoridad aeronáutica que lo regula. En Argentina, la autoridad aeronáutica es la ANAC, Administración Nacional de Aviación Civil, que estuvo comunicando las novedades durante todo el fin de semana.


No son pocos los pasajeros que piensan que la decisión de cancelar un vuelo es de la línea aérea. Y también es cierto que ese error está muchas veces fomentado por titulares como éstos:

Ciertamente, Aerolíneas tuvo que cancelar y desviar 27 vuelos; pero el titular excluye a las otras líneas aéreas que operan al sur y que se vieron en la obligación de tomar medidas similares, porque nuevamente, no es una decisión de la línea aérea. Es una decisión que las excede. 

Ahora bien, por qué se cierra? Porque aterrizar y despegar aviones es peligroso. La razón? En el caso de la lluvia y la nieve, tiene mucho que ver con un principio físico inexorable: la fricción.

La Fricción bajo condiciones extremas de lluvia y/o nieve

Como podrán imaginar, del mismo modo que el despegue de un avión requiere de la aceleración hasta lograr la sustentación, el aterrizaje implica desacelerar la aeronave hasta detenerla completamente. Lógicamente ambas tareas se realizan en la pista, y en tal sentido funciona de un modo esencialmente similar a una ruta o calle.

Las cosas con ruedas se mueven por un principio simple: la energía potencial (ascendente o descendente) se transfiere a la superficie sobre la que se encuentra el objeto, venciendo así la inercia y transformándose en energía cinética. Esto lo experimenta un avión en su carrera de despegue o aterrizaje, usted cuando maneja su auto, o cuando corre en el partido de los martes. Normalmente, la transferencia de energía sufre la penalización lógica por la fricción, pero el comportamiento se mantiene dentro de lo esperado. Pero eso cambia cuando entre la superficie y la rueda, aparece un intermediario. En este caso, el agua.

Como seguramente habrá experimentado, si los botines esos amarillo flúo que se compró porque son los mismos que los que usa Cristiano Ronaldo no tienen buenos tapones, o si hace 150.000 kilómetros que no cambia las cubiertas del auto y los surcos que alguna vez tuvieron se borraron, notará que la adherencia al suelo disminuye. En el partido, tal vez implique un gol en contra. En relación con las cosas con ruedas, el fenómeno se conoce como aquaplaning.

En palabras simples, la presencia de agua hace que el coeficiente de rozamiento baje. Las ranuras de las cubiertas del agua permiten evacuar parte del agua que se acumula sobre la superficie, pero cuando el agua es demasiada, la presión del agua que se interpone entre la rueda y el asfalto es mayor que el peso sobre la rueda, la pérdida de adherencia es total. El gráfico  lo explicará de modo (más) simple:

En un auto, que pesa en promedio 1300 kilogramos, la adherencia a 100 km/h es del 10%. Ahora, cuál será la adherencia de un 737-800, que pesa 40 toneladas en el aterrizaje y toca la pista a unos 230km/h? Algo como esto:

Agreguemos el factor simetría: qué pasa si las ruedas no tienen el mismo porcentaje de adherencia? Cuánto se incrementa el requerimiento de pista si no puedo frenar el avión? Al momento del despegue, cuánta pista necesito para llegar a la velocidad de rotación si no puedo transformar la energía de los motores en energía cinética?

Estas preguntas han tenido una considerable cantidad de respuestas, que han costado lesiones, y en algunos terribles casos, han costado vidas.

El vuelo 3054 de TAM se estrelló hace exactamente 10 años: el 17 de Julio de 2007, un A320-233 intentó aterrizar en Congonhas (Sao Paulo) bajo condiciones de lluvia extrema. Si bien hubo factores adicionales (un reversor de empuje inoperativo, procedimiento erróneo de aterrizaje con un reversor menos), el avión no pudo desacelerar y terminó saliéndose de pista. 199 muertos.

En el caso de la nieve, el principio físico es el mismo. Y los resultados pueden ser igual de complicados.

El vuelo 1086 de Delta, asignado a la ruta Atlanta- La Guardia, tomó la pista con autobrakes conectados. La presión del frenado lo desestabilizó y lo llevó a una carrera descontrolada hasta la valla perimetral del aeropuerto. Si bien no hubo heridos graves, la evacuación llevó 17 minutos, por lo que el resultado fue casi milagroso.

Reconozco, como pasajero, la incomodidad que implica la cancelación de un vuelo. Entiendo que, desde el desconocimiento, se intuya -juro que lo leí- que como hay sol, que el aeropuerto esté cerrado es simplemente “chamuyo” o capricho. Entiendo a los pasajeros que necesitan una explicación.

La explicación es simple: un avión no puede -ni debe- operar en una pista contaminada con hielo, o lluvia en condiciones extremas. No es una decisión de la aerolínea. No hay nada más complejo desde la logística de operaciones de una línea aérea que un aeropuerto cerrado. No conozco coyuntura en la cual sea un evento querido, o buscado. Sin embargo, la decisión de cerrar los aeropuertos del sur es la correcta, ya que es la mejor forma de garantizar la seguridad de los pasajeros.

Los mismos pasajeros que se pusieron a aplaudir, reclamar e insultar porque sus vuelos no salían. Si tuvieran en cuenta el peligro latente, tendrían más cuidado con lo que desean.

 

 

39 años. Argentino. Casado.
Profesional de IT por elección, Aeronáutico por vocación.
Casi piloto. Casi Spotter. Casi Ingeniero.
Viajero ocasional, nerd frecuente.
Pablo Díaz

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